
Ya veo el final del túnel, y cuanto más cerca estoy, más nervioso me pongo. Un nerviosísmo resultado de una serie de sentimientos encontrados: una mezcla de ganas, inseguridad, miedo, esperanza...
El Lunes viajo a Madrid para entrevistarme con un agente consular con la intención de obtener el ansiado visado, que me llegará una semana más tarde.
Así es probable que vuele hacia tierras americanas sobre el 20 de Julio, con la intención de volver sobre la primera semana de Noviembre. Ya tengo visitas concertadas. Un amigo de la carrera pasará unos días con su novia en la Gran Manzana a finales de Agosto. Belén ya mira vuelos para ir con su hermana sobre mediados de Agosto.
Entre tanto, la espera se hace tediosa: relleno millones de formularios que me pedirán en la embajada, pregunto en bancos para disponer de una tarjeta de crédito con al menos 2000 euros de crédito, busco seguros que me cubran los gastos sanitarios, tanteo el alquiler de pisos...
Me han respondido un par de personas que buscan un compañero: uno en un piso de 4 habitaciones para convivir con un fotógrafo, un músico y una diseñadora de moda; el otro en un piso de 2 habitaciones y a compartir con un chaval que sabe español. Ambos por 750 dólares al mes. No está nada mal.
Y así pasan los días previos antes de vivir en la 2º ciudad más poblada del mundo (según wikipedia, con una población de 22 millones de habitantes en el área metropolitana).
Por cierto, una pena que me pierda la fiesta del Día de la Independencia (4 de Julio) a la que había sido invitado por mi nuevo jefe...